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El Cárcamo de Dolores

El Cárcamo fue construido en los años 50 para recibir las aguas del río Lerma y distribuirlas a la Ciudad de México. El diseño del complejo fue obra de Diego Rivera. El mural que se desprende de este proyecto fue calificado por el artista como “el más fascinante encargo de toda su carrera” ya que la pintura sumergida en el agua debería soportar la acción permanente del líquido. De hecho, el experimento no funcionó por la baja calidad de los materiales industrializados disponibles en la época, por lo que la obra se deterioró muy rápidamente bajo la acción combinada del agua y de microorganismos contenidos en ella.

Las representaciones del mural, concluido en 1952, se apegan al título que le dio Diego Rivera: “El agua: origen de la vida en la tierra”. El pintor desarrolló las teorías sobre el origen de la vida, señaladamente la del ruso Aleksandr Oparin, cuya teoría sostiene que a partir de las aguas del océano la evolución de los seres vivos se da de manera progresiva, yendo de lo más simple a los organismos más complejos. En el mural, Rivera también pintó el origen del hombre como una especie de coronación de la obra, y representó a una pareja humana, él con rasgos africanos y ella, de facciones orientales. La representación resulta apegada a las teorías más adelantadas de la época sobre la evolución.

El Cárcamo de Dolores